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EDUCACIÓN Y CORRUPCIÓN.


Por Blanca Lilia Ibarra Cadena*
21 agosto 2009

Hace unos días, tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro intitulado “Por un México sin corrupción”, cuyo autor es el abogado Nicolás Vázquez Alonso, actual titular de la Fiscalía Anticorrupción del Gobierno del estado de Puebla. Se trata de un estudio que pretende profundizar sobre la importancia y la urgente necesidad de inculcar valores a la niñez mexicana a fin de lograr modificar conductas y actitudes para formar mejores ciudadanos, más comprometidos y más responsables.

A lo largo de esta publicación, que considero debe ser consultada y utilizada en las escuelas primarias como una herramienta didáctica y de apoyo a los maestros, el autor refiere que la corrupción en México es un problema de antaño y es tan complejo y delicado que afecta de manera permanente a la sociedad; no distingue edad, sexo, condición socioeconómica, religión y formación académica. Es un problema que desde la niñez se va haciendo presente y cuyo origen está en la educación cuando no existe una enseñanza basada en valores. Por lo tanto la solución también está en el origen, como dice el autor: la educación y sólo la buena educación con un alto contenido de valores, es la forma para lograr prevenir y erradicar la corrupción.

A lo largo de 559 páginas, en el libro “Por un México sin corrupción”, el funcionario analiza, cuestiona, ejemplifica, compara y crea sus propias definiciones, utilizando un lenguaje accesible y buscando que el tema sea de fácil comprensión para el lector. Explica que los valores universales generan valores individuales y están relacionados con los principios morales y espirituales de acuerdo a las creencias de cada ser humano. Por lo tanto propone a la educación como el vehículo primordial para atacar y terminar con este grave problema que aqueja a la sociedad.

Lamentablemente nuestro país, sufre no sólo de una crisis económica. En la actualidad, enfrentamos la decadencia en los valores éticos, morales y religiosos; las instituciones públicas carecen de credibilidad y confianza y la cultura de la legalidad se menosprecia en algunos círculos sociales.

Las nuevas generaciones van creciendo con una percepción errónea de prácticas ilegales que cada día se vuelven más comunes; la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, no representa un principio sólido en la formación que inicia desde la vida familiar. Hoy pareciera que es tonto aquel que no saca provecho de su cargo público o de una posición de poder aún en el ámbito privado. Ejemplos, hay muchos…Y es que equivocadamente el mensaje es determinante cuando se observan ejemplos de personajes que triunfan y tienen éxito a partir de lo mucho que tienen, olvidando que el más pobre es aquel que lo único que tiene es dinero. Y qué decir de quienes logran alcanzar sus metas, sin importar la forma de lograrlo, aplastando a los demás, destruyendo trayectorias, esfuerzos y carreras.
Independientemente que todos los valores persigan un fin similar, el autor refiere que no todos ellos son iguales, algunos son más importantes que otros debido a la trascendencia que dejan en la vida del ser humano. Lamentablemente existe otra faceta que irrumpe con el romanticismo de la lectura y se trata de los antivalores o vicios, que corresponden a las actitudes negativas, resistencias, indiferencia o rechazo.

Páginas adelante, las dudas surgen en el entendido de que si el Estado se ha preocupado por proporcionar educación a todos los sectores sociales ¿cómo es posible que el fenómeno social esté tan parpadeante?, el origen deriva en que la educación que se imparte en las aulas adolece de un contenido moral y ético. Al parecer la educación en México versa únicamente en la “instrucción”, es decir, solo intenta proporcionar al alumno un cumulo de conocimientos que deberá adquirir para luego ser demostrados en un examen. La educación debe incluir varios elementos entre los cuales y por obviedad se incluye el aprendizaje de nuevos conocimientos, así como la adquisición de nuevas habilidades, valores, costumbres, cultura y principios morales. Algunos de estos elementos deben ser sembrados desde el seno familiar, corresponde a los padres proporcionar a sus hijos el primer contacto con los valores.

En este libro, el autor hace dos propuestas. Una que tiene que ver con una reforma al artículo 18 de la Constitución del Estado de Puebla, a la cual sugiere agregar lo siguiente:

“La educación que se imparta en el Estado de Puebla, formará a los alumnos para que su vida se oriente por los principios y valores fundamentales del ser humano, fomentando en ellos, la cultura de la legalidad y de la paz…”

Y su segunda propuesta que está ligada a la anterior para incorporar a los planes académicos valores y virtudes que serán implementados según corresponda a la etapa de desarrollo de los estudiantes.

Quiero hacer un reconocimiento al Lic. Vázquez Alonso por su valiosa aportación y cerrar con una frase que siempre debemos tener presente: Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.


*Blanca Lilia Ibarra Cadena es Comisionada de la Comisión para el Acceso a la Información Pública. Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la postura de la CAIP.

 
 
 
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