PUEBLA, DISMINUYE CORRUPCIÓN: TRANSPARENCIA INTERNACIONAL
Francisco Fierro Sosa *
El Heraldo
23 mayo 2006
En los últimos días los medios de comunicación han dado cuenta de una nota que ha sido materia de reflexión para la administración pública y para la ciudadanía, y es que “Transparencia Internacional” ubicó al Estado de Puebla en el lugar número 25 con respecto a las 31 entidades federativas restantes y el Distrito Federal; cabe preguntarnos, ¿qué representa dicha organización y qué tan buena es la nota que da sobre Puebla?
Transparencia Internacional es un organismo no gubernamental que enfoca su esfuerzo en combatir la corrupción, sumando las voluntades de la sociedad civil organizada y las administraciones públicas a lo largo y ancho del planeta. Es muy importante señalar que su análisis está enfocado tanto a quienes corrompen como a quienes pueden ser corrompidos, ya que para que exista la corrupción debe haber dos frentes, el corrupto y quien lo corrompe.
Esta organización tiene presencia a nivel mundial en más de cien países, habiendo surgido en México en 1999. Con esa estructura analiza las diferentes formas de corrupción que se presentan tanto al interior de cada país y las relaciones que tienen las diferentes naciones en el campo económico, comercial y de política interestatal.
En el ámbito internacional, esta organización alerta sobre la corrupción y sus efectos; impulsa reformas legales y códigos éticos a los que suma a los gobiernos y a la sociedad civil; a nivel nacional trabajan por la rendición de cuentas (accountability) y la transparencia en la información pública, por eso ha optado por dar seguimiento a ciertas instancias gubernamentales o de la administración pública para verificar su desempeño y mejora en sus procedimientos, como es el caso del Instituto Federal Electoral.
Ahora bien, ¿qué calificó Transparencia Internacional para ubicar al Estado de Puebla en el 2001 en el lugar 29, en el 2003 en el lugar 32 (último de la tabla) y en el 2005 en el lugar 25? Aplicó entre 397 y 569 encuestas a hogares de cada Estado de la República Mexicana y el 70% de las encuestas se aplicaron a los jefes del hogar, 23% cónyuges y 7% con adultos miembros de las familias (la información disponible no aclara si había jefas de familia dentro de esa mayoría encuestada).
De la encuesta surgieron resultados preocupantes para propios y extraños, pues quedaron registrados más de ciento quince mil actos de corrupción; las “mordidas” costaron a cada hogar un promedio de $117.40, que sumado nos arroja un gran total de diecinueve mil millones de pesos. Esto representa el 8% del presupuesto de un hogar con ingresos de nivel medio, pero si lo trasladamos a aquellos que ganan el salario mínimo se dispara al 24% de su presupuesto.
Además, debemos conocer que los rubros con mayores casos de corrupción son:
Evitar infracciones o detención por elementos de tránsito, con el 50%
Pagar a “franeleros” o “cuida coches” en vía pública, con el 53%
Evitar que sea remolcado el vehículo al corralón por elementos de tránsito, con el 60%
Asimismo, los rubros en los que se presentan menores actos de corrupción son:
Pago del predial, con el 0.3%
Solicitud de beca para estudios, con el 1.5%
Recibir correspondencia, con el 2.2%
Esto nos deja ver que la corrupción está de ida y vuelta, pues los encuestados reconocieron haber cerrado ese círculo vicioso al haber accedido a realizar los actos anteriormente descritos, lo que nos lleva a una complicidad entre particulares y autoridades para que exista este lamentable fenómeno.
Pero volviendo al tema de Puebla y su progreso para combatir la corrupción, es importante hacer un análisis que, si bien no minimiza el logro alcanzado, debemos percibirlo en su justa dimensión, pues dentro del estudio que hace Transparencia Internacional, existe una tabla comparativa que evidencia los esfuerzos o el desdén de cada Estado por mejorar en esta vergonzosa calificación; y nos encontramos que Querétaro en el 2001 estaba en la posición 25, en 2003 en la posición 18 y en 2005 salto a ser el Estado con menos índices de corrupción, lo cual representa un verdadero logro remontar dieciocho posiciones negativas en tan solo dos años.
Ahora bien, también está el Distrito Federal que ha permanecido en el sótano de la corrupción desde que se aplica esta encuesta, pues en el 2001 ocupaba la última posición, en el 2003 pasó a la posición 29 ya que fue desplazado por Puebla de esa cueva, pero en el 2005 volvió al fondo de la tabla con la posición 32. Otro Estado que ha demostrado ambas caras de la moneda en esta encuesta es Michoacán, que en 2001 ocupó la posición 27, en el 2003 se remontó a la posición 9 y en el 2005 volvió a caer a la posición 23.
Este juego de números y de posiciones a nivel nacional nos da un claro panorama de lo que adolece el país y la inconsistencia en las políticas de transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad administrativa de las administraciones públicas locales, pero también evidencia la falta de civilidad y ética de la ciudadanía que se suma, por diversos factores, a la corrupción.
Debemos leer con cuidado lo que representa tener un índice mayor de la media nacional sobre corrupción, y caminar en la lógica de mejorar, pero en los dos espacios, el del gobierno y el del gobernado; responsabilidad compartida que obliga a ambas partes a poner su respectiva voluntad para mejorar en este tema: Rendir cuentas, ser transparentes en nuestra actuación y sabedores de que todo acto conlleva una responsabilidad, es un saco que nos queda a todos a la medida. |