LA TRANSPARENCIA: VALOR NECESARIO EN LA BUROCRACIA
Por Roberto Díaz Sáenz*
Momento
29 marzo 2006
Los planes estratégicos representan un conjunto de disposiciones o lineamientos sobre política, proyectos y programas para reestructurar y en su caso cumplir con el proceso de reforma institucional en el gobierno. No es sencillo iniciar en forma simultánea los cambios en todas las dependencias y entidades: será recomendable seleccionar las áreas prioritarias tomando en cuenta los servicios y trámites públicos en los que se perciba mayor corrupción por los usuarios en general; donde el ciudadano soporte mayor burocracia y discrecionalidad por parte del servidor público; dependencias y entidades que registren mal desempeño, casos de nepotismo y en su caso apliquen recursos públicos en compras, licitaciones, entre otros. Habrá que considerar a las unidades responsables que para su funcionamiento absorben gran número de recursos financieros y humanos y que además carezcan de transparencia y de rendición de cuentas. Observar la negación o bien la manipulación de los controles ciudadanos y de la manipulación de la misma participación, resultará indispensable para lograr un mejor resultado. La elaboración de un diagnóstico interno estudiando los factores que incentivan o generan corrupción al interior del funcionamiento de la institución pública, así como la de un diagnóstico externo en el que se estudien esos factores que determinan la percepción de la población acerca del funcionamiento de la institución pública y la calidad de la gobernabilidad, son indispensables para lograr una debida reforma institucional.
Rodolfo Vergara explica que “las reformas administrativas inspiradas en la Nueva Gerencia Pública que durante los años 80 y 90 tuvieron lugar en la mayoría de los gobiernos del mundo”(1), consideran a la transparencia como acción necesaria para el ejercicio de un buen gobierno. Desafortunadamente no existe una correlación inmediata y exacta entre el diseño de una política y su ejecución, así como tampoco existe entre la promulgación de un nuevo marco jurídico (Leyes de Transparencia y Acceso a la Información Pública, por ejemplo) y la modificación del comportamiento de los individuos en sus actividades diarias dentro de su organización.
Hasta que las organizaciones asimilen en su cultura y sus rutinas los principios de la transparencia, existirán cambios de fondo que orienten al ciudadano a concebir un mejor ejercicio del poder. Para vivir en un gobierno transparente, no es suficiente una nueva norma jurídica que reglamente la información que debe ponerse a disposición de los gobernados, ni la buena voluntad de algunos servidores públicos; lo anterior es necesario pero insuficiente, ya que la política de la transparencia debe impregnarse día a día en los procedimientos de las organizaciones públicas, es su qué hacer y el comportamiento del personal de todos los niveles que las integran.
Es difícil entender que alguien pueda ser aislado de los demás para que trabaje o se divierta siempre, lo hacemos mejor como miembro de una organización. Tanto los clubes deportivos, las asociaciones, como el Gobierno en sus tres niveles, son organizaciones que trabajan para resolver las necesidades y los problemas de sus integrantes. Los resultados más eficientes se logran por medio de organizaciones, no como individuos aislados. Claro que las organizaciones públicas son parecidas a las privadas, pero, mientras que en las privadas se busca un uso eficiente de de los recursos administrativos y la obtención de ganancias, en las públicas su objetivo es la administración adecuada de los recursos públicos y la solución de los problemas sociales, guiada por la obediencia de las leyes que determinan las decisiones y la rendición de cuentas.
Max Weber desde el siglo XIX consideró que el burócrata no toma decisiones políticas, se limita a poner en práctica, administrar y ejecutar decisiones tomadas por los políticos. Si bien en nuestro país la distinción anterior no se aprecia, existen excepciones en aquellas organizaciones que exigen un conocimiento especializado en determinada materia, como el Instituto Estatal Electoral y la Comisión para el Acceso a la Información Pública en el ámbito estatal, o el Banco de México y el IFE a nivel federal.
TRANSPARENCIA COMO PLAN ESTRATÉGICO
Algunos opinan que la transparencia implica mayores trámites, menor agilidad administrativa e incluso mayor costo humano, financiero y material, pero no se dan cuenta que a corto plazo ayuda a que las dependencias y entidades no sean desviadas de sus objetivos públicos para atender los intereses privados.
Todo cambio organizacional implica la reestructuración, pero mientras más claros, simples y pertinentes sean los objetivos, menos confusión y problemas existirán. El ser humano siempre opone resistencia al cambio y trata de seguir haciendo las cosas en la manera a la que está acostumbrado, por eso la inercia organizacional debe terminar, para dar paso a las nuevas propuestas y formas de trabajar. El aspecto cultural de cada organización es un factor determinante para percibir la realidad, para tomar decisiones y definir las prioridades. En este sentido, el cambio implica la modificación de valores que sirven de brújula en el burócrata.
Incorporar la transparencia como un nuevo valor, significa que la cultura organizacional debe provocar un comportamiento acorde con ella, no por ser un deber administrativo, sino por estar convencidos de su importancia o bien por traducirse en una costumbre.
Todas las organizaciones cambian a un ritmo pausado y hasta lento; a diferencia de los cambios técnicos, los culturales requieren de paciencia. Por ello, no es extraño que las nuevas reglas o manuales de operación de la organización sean deformadas y la organización simule la transparencia. Para lograr lo contrario resulta necesario incorporar a la transparencia en un valor de la cultura organizacional, y aunque no contamos con una tecnología propiamente dicha que nos indique cómo se construye un nuevo valor en esa cultura, aquí algunas estrategias: a) Liderazgo para obedecer y hacer cumplir los nuevos lineamientos, procurando que sus subordinados lo noten y también lo sigan; b) La dirección de la organización debe señalar los beneficios de esas nuevas reglas; compartir información adentro y fuera de la organización facilita la interacción con la sociedad, impulsa su colaboración y su confianza; c) Promover la transparencia debe formar parte de la agenda de la organización; la cultura de la transparencia encuentra parte de su fundamentación en la rutina (2) (modificar cuesta tiempo, pero la dirección de la organización debe estar dispuesta a insistir repetidamente en el tema.
Actualmente una nueva gerencia pública sugiere contar con personal calificados para atender y administrar un asunto público con mayor eficiencia y puntualidad de lo que podría hacerlo una instancia burocrática tradicional. |