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TRANSPARENCIA: A UN MES

Por Roberto Díaz Sáenz*
Cambio
16 marzo 2006

Hace pocos años si hubiese querido saber el salario del Presidente Zedillo por ejemplo, era necesario visitar alrededor de 21 instancias de gobierno y después de la negativa de respuesta, contratar los servicios de un abogado para promover un juicio de amparo y con ello lograr que el Poder Judicial Federal instruyera para que se diera respuesta a la pregunta(1), lo que después de un año de realizada se logró. Ello muestra que la respuesta se obtuvo no porque se hubiese tenido la voluntad de hacerlo, sino por el hecho de violar un derecho de petición; además la respuesta se dio como se quiso violando el derecho de información. Después de lo anterior y dada la respuesta, sería necesario analizar la cuenta pública del ejecutivo para obtener la información requerida; descubrir alguna partida secreta y el sueldo del presidente. Seguramente se hubiese pensado que con ello se atentaba contra la figura presidencial, por lo menos eso seguramente pensó la clase política de entonces. Ahora basta que por Internet entre a la página de presidencia y consulte el dato que como obligación de transparencia indica la ley, entonces podría en 2 minutos o menos saber que a Vicente Fox se le paga $232,431.20 pesos como salario bruto cada mes(2).

Lo que usted puede saber en cuestión de minutos, horas o días, no se equipara a la información que hace menos de 4 años podía tener a su alcance. La información pública lo es, porque pertenece a las personas que tomaron la decisión de elegir a sus gobernantes, porque ellos a su vez, toman decisiones que afectan y que además deben entregar cuentas claras.

Contamos con leyes que determinan lo mínimo que debe darse a conocer, lo que implica que el arbitrio de las autoridades no condiciona lo que podemos saber.

Con el acceso a la información surgen nuevos problemas: Encontrar los mecanismos para diseminar la información que es pública; no basta la rendición de cuentas si las mismas no son conocidas por las personas. El interés en la gente por conocer es también un proceso que los medios de comunicación, las escuelas de todos los niveles, las cámaras y sindicatos, entre otros, debemos alimentar.

Utilizar las facilidades que proporciona de la globalización por sus características de intercambio de información, recolector de evidencia y transmisor del conocimiento deben ser aprovechadas. De lo que se trata es de propiciar el interés de las personas por preguntar, por solicitar información o reproducción de documentos.

En el año 2003 Sinaloa, Nuevo León y Querétaro contaban con leyes de transparencia, sin embargo la participación ciudadana no fue la esperada; el número de solicitudes recibidas fue de 33, 5 y 530 respectivamente.

Durante el año 2004 Michoacán recibió 17; San Luis Potosí 30, Durango 55, Coahuila 1400 y Colima 1807. Hace un año en el Estado de Nayarit se recibieron 38, en el Distrito Federal 147, en Quintana Roo 479; en el Estado de México 572; en Yucatán 1225 y en Zacatecas 1500.

A un mes de que la ley de transparencia en nuestro Estado obliga a las autoridades a dar respuesta a las solicitudes de acceso, el interés de las personas en solicitar información a las mismas, tampoco ha sido el que se esperaba. Si bien al poner a disposición de la gente cierta Información que conforme a la ley es imperativo darla a conocer, debe impulsarse la comunicación para gestionar una opinión crítica ciudadana. Para la autoridad la información es indispensable en la toma de decisiones correctas, sin ella la función pública está destinada al fracaso. La información es un derecho humano universal con el que contamos y en ese sentido sirve para mantener una posición crítica, participativa y de cuestionamiento constante respecto del ejercicio del poder. Negarse a abrir las puertas y ventanas dentro del proceso de evolución política, es negar que un gobierno nuevo, producto de la tenacidad llegue a buen puerto. La libertad de prensa y el derecho a la crítica tienen una larga tradición histórica en México: Fernández de Lizardi y Francisco Sarco; los Buendía, los Quezada, los Naranjos e incluso Marcué Pardiñas y Julio Scherer han dado muestra de ello. El periodismo crítico no inició hace un mes, ha sido producto de varias luchas, de varias persecuciones e incluso vidas. Es momento de dejar de pensar que comunicadores y gobiernos tienen sentidos opuestos, ambos se deben a un mismo fin: servir a la sociedad. La madurez, el crecimiento y la consolidación que ambos logren no deben verse como una amenaza sino como un avance en la democracia. La apertura informativa está provocando a nivel nacional un verdadero cambio; nunca antes en la historia de este país los más destacados medios de comunicación, académicos, periodistas e instituciones de educación habían propuesto una iniciativa común: el grupo Oaxaca, a quienes se les debe la creación y negociación de la ley de transparencia federal es ejemplo de ello. Esta ley debe ser analizada y fortalecida. En los últimos días hemos sabido del intento fallido por parte de un grupo al que le conviene la opacidad y el secreto. La iniciativa de reforma de la Ley que otorga facultades al Tribunal de Justicia Fiscal y Administrativo para revisar las resoluciones del Ifai que ordenan la apertura de documentos públicos no tuvo éxito; por el momento podemos estar tranquilos, pero mientras la voluntad política de quienes toman decisiones en el Congreso de la Unión mantengan la creencia del actuar existirá el riesgo de un retroceso en el tema de la transparencia y revisión de cuentas. El gobierno tiene el compromiso con la verdad, la apertura y lógicamente con la sociedad, mientras más transparente sea el ejercicio del poder, mayores logros tendremos en el proceso que nos toque edificar. En breve tendremos la oportunidad de escuchar a quienes dirigirán el futuro del país; en poco tiempo nos daremos cuenta de la verdadera intención de quienes ahora piden nuestro voto. Lo invito a reflexionar el mismo, tomando en cuenta que los principios no existen; lo único que existen son los hechos. Que no hay bien ni mal, ya que éstos son sólo circunstancias. “El hombre superior se compromete con los hechos y las circunstancias a fin de dirigirlos. Si hubiese principios y leyes fijas, las naciones no los cambiaría como uno cambia de camisa, y no se puede esperar que un hombre sea más sabio que toda una Nación.”(3)

 
 
 
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